A nuestras comunidades, familia misionera, colaboradores, personas cercanas y todos aquellos que durante este mes han permanecido cerca de la Provincia Colombia – Venezuela:
Ha pasado un mes desde el terremoto que sacudió diversas regiones de Colombia. Hemos acompañado a nuestras comunidades, conocido con mayor claridad el alcance de los daños y tomado decisiones difíciles para proteger la vida y garantizar la continuidad de nuestra misión allí donde estamos presentes.
Queremos compartir con ustedes el estado actual de nuestras obras y, sobre todo, expresar la profunda gratitud por las oraciones, los mensajes de cercanía y las múltiples muestras de solidaridad que hemos recibido. En momentos como este, la comunión de la familia claretiana se convierte en un verdadero signo de esperanza.
Un mes después: decisiones que marcan el camino
En Pereira, la ciudad continúa afrontando las consecuencias de una de las mayores emergencias provocadas por el terremoto. Más de doscientas edificaciones deberán ser demolidas por el riesgo estructural que representan, mientras numerosas familias han perdido sus hogares y otras enfrentan el dolor de haber perdido a seres queridos.
En medio de esta realidad, la Parroquia San Antonio María Claret también ha sufrido graves afectaciones. La valoración técnica confirmó que la torre presenta un deterioro irreversible y la edificación deberá ser demolida en su totalidad. La parroquia ha quedado inservible y será necesario adelantar una intervención integral para recuperar este espacio que durante tantos años ha sido lugar de encuentro para la comunidad.
En Cali, el impacto del terremoto también ha dejado profundas heridas en la ciudad, con pérdidas humanas, viviendas afectadas y numerosas edificaciones comprometidas estructuralmente.
La Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro forma parte de esa dolorosa realidad. Tras las evaluaciones técnicas, se determinó la demolición del templo, mientras que la casa cural fue declarada inhabitable.
Esta decisión tiene además un impacto directo sobre el Colegio Claretiano Santa Dorotea, sede Colseguros, que deberá permanecer desalojado debido a su cercanía con el templo. Aunque la estructura principal del colegio no presenta daños graves y ya se adelantan trabajos de reparación, será necesario habilitar un espacio alternativo para garantizar el regreso seguro de los estudiantes y la continuidad del proceso educativo.
En Quibdó, las valoraciones realizadas en las dos sedes de Uniclaretiana confirmaron daños estructurales de consideración, además se registraron afectaciones en muros, ventanas, mampostería y otros elementos esenciales de las edificaciones, lo que exige intervenciones importantes para garantizar nuevamente condiciones seguras para la comunidad universitaria.
Hoy sabemos que la recuperación de varias de nuestras obras requerirá tiempo, recursos y decisiones complejas. Sin embargo, también sabemos que nuestra misión no depende únicamente de los edificios. Allí donde una comunidad necesita celebrar la fe, educar, escuchar o acompañar, seguiremos buscando caminos para permanecer presentes.
La cercanía que sostiene la esperanza
En medio de este tiempo particularmente difícil, ha tenido un profundo significado la coincidencia de dos visitas a nuestra Provincia Colombia-Venezuela.
La visita canónica del P. Carlos Sánchez, CMF, y la visita pericial del P. Manuel Camargo, CMF, permitieron que ambos recorrieran Cali, Chocó y Venezuela, encontrándose personalmente con las comunidades afectadas, con los misioneros claretianos y con quienes viven de cerca las consecuencias de esta emergencia. Su presencia fue mucho más que una visita institucional. Fue un signo concreto de cercanía, escucha y fraternidad; un recordatorio de que, incluso cuando la tierra tiembla y las estructuras se derrumban, la familia claretiana permanece unida y camina junto a quienes más lo necesitan.
La misión permanece
Nuestra primera preocupación continúa siendo la vida de las personas. Los templos, colegios y demás edificaciones podrán reconstruirse, pero el acompañamiento a las comunidades no puede detenerse. Por eso seguimos avanzando con serenidad, responsabilidad y esperanza, buscando las mejores alternativas para que la educación, la evangelización y nuestro servicio continúen allí donde el Señor nos ha llamado a servir.
En días pasados, el P. Luis Armando Valencia Valencia, CMF, Superior Provincial, recorrió personalmente algunas de las zonas más afectadas por el terremoto. La magnitud de la destrucción y el dolor de tantas familias lo conmovieron profundamente. Desde esa cercanía, reafirma el compromiso de la Provincia de seguir acompañando a las comunidades en este tiempo de reconstrucción, con esperanza, solidaridad y fe.
Agradecemos profundamente a todas las personas e instituciones que han permanecido cerca de nuestras comunidades durante este tiempo. Cada oración, cada gesto solidario y cada palabra de aliento nos recuerdan que no caminamos solos.
Seguimos confiando en Dios y caminando juntos, al servicio de la vida y de los pueblos. Que María, Madre de la Esperanza, acompañe a quienes sufren y sostenga a nuestras comunidades en este tiempo de reconstrucción.
«Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, una ayuda siempre pronta en los momentos de angustia. Por eso no tememos aunque la tierra se mueva y los montes se deslicen al fondo del mar.» Salmo 46, 1-2
Equipo de Gobierno Provincial
Misioneros Claretianos
Provincia Colombia-Venezuela