Servir y acompañar en medio de la emergencia: una respuesta claretiana en Venezuela

“Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40).

Ante las situaciones de vulnerabilidad que viven muchas personas afectadas por el terremoto en Venezuela, los Misioneros Claretianos seguimos buscando caminos concretos para estar cerca, acompañar y servir. En este espíritu se desarrolla el proyecto “Acciones de respuesta inmediata y recuperación temprana para población vulnerable afectada por el terremoto en Venezuela”, gestionado por la Sociedad Ético Cultural en colaboración con HEKS/EPER Venezuela.

Más que un proyecto, queremos vivir esta iniciativa como una expresión concreta de nuestra misión: acercarnos a quienes atraviesan momentos de dificultad, escuchar sus necesidades y poner nuestros recursos y capacidades al servicio de su dignidad.

Estar cerca de quienes más lo necesitan

Durante los meses de agosto y septiembre se ha trabajado intensamente en la organización y puesta en marcha de las diferentes acciones previstas. Antes de comenzar, se realizaron reuniones de coordinación, visitas a refugios y espacios de diálogo que permitieron conocer mejor la realidad de las personas afectadas y determinar dónde nuestra presencia podía ser más significativa.

Uno de los frutos de este proceso es la iniciativa de provisión de comidas calientes, mediante la preparación y distribución de 500 desayunos diarios en Caracas y La Guaira.

En Caracas, uno de los lugares de atención será la Unidad Educativa Juan Pablo Bonet, dedicada a la educación de personas sordas, donde serán atendidos alrededor de 150 alumnos y miembros del personal. En La Guaira, la ayuda llegará a Catia La Mar, al Proyecto Escolar Escuela Urimare y a personas de la comunidad.

Detrás de cada desayuno hay mucho más que alimentos. Hay tiempo, organización, voluntariado, escucha y, sobre todo, el deseo de decirle a cada persona: “No estás sola; no estás solo. Estamos contigo”.

Las voluntarias de cocina han tenido un papel fundamental en este proceso. Junto con el equipo del proyecto, han participado en la definición de los menús y de los ingredientes necesarios, poniendo sus manos y su tiempo al servicio de los demás. En estos pequeños gestos cotidianos se hace visible la fuerza de una comunidad que sabe que compartir el pan es también una manera de compartir la esperanza.

Ayudar a recuperar la esperanza y la autonomía

La respuesta a una emergencia no puede quedarse solamente en atender las necesidades más inmediatas. Por eso, el proyecto contempla también una línea de apoyo a emprendedores, vendedores y pequeños comerciantes que ya cuentan con un oficio o una actividad económica, pero necesitan herramientas, implementos o un capital inicial para continuar adelante.

Se trabaja en la identificación de estas personas y en la selección de quienes presentan mayores condiciones de vulnerabilidad. El propósito es que esta ayuda contribuya a recuperar no solamente una fuente de ingresos, sino también la capacidad de salir adelante con dignidad, esfuerzo y esperanza.

Acompañar significa también confiar en las capacidades de las personas y caminar con ellas mientras recuperan sus proyectos de vida.

Una misión que se construye en equipo

Todo este trabajo ha requerido también fortalecer el equipo encargado de llevar adelante el proyecto. Durante estos meses se han incorporado nuevas personas a las tareas de coordinación, administración y acompañamiento de los medios de vida.

Junto con la Sociedad Ético Cultural y el equipo de apoyo contable, los Misioneros Claretianos, las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada y HEKS/EPER Venezuela, han asumido un proceso de formación y aprendizaje para responder responsablemente a los desafíos que implica la gestión y ejecución de un proyecto de esta dimensión.

También se está dando especial prioridad al fortalecimiento de las capacidades del almacén y de la cocina, así como a la puesta en marcha de la provisión de comidas calientes.

Una Iglesia que se hace cercana

En medio de las dificultades, la misión nos recuerda que no estamos llamados únicamente a anunciar el Evangelio con palabras, sino también con gestos concretos de solidaridad, cercanía y fraternidad.

Este proyecto nos permite compartir el camino con personas y comunidades que han vivido momentos difíciles. Nos invita a escuchar sus historias, reconocer sus capacidades y acompañarlas en la reconstrucción de sus vidas.

Como Claretianos, queremos seguir haciendo realidad aquello que tantas veces ha inspirado nuestro caminar misionero: estar allí donde la vida clama, allí donde una persona necesita ser escuchada, acompañada y sostenida.

Cada alimento compartido, cada emprendimiento apoyado, cada persona acompañada y cada esfuerzo realizado en equipo son pequeñas semillas de esperanza.

Y en esa esperanza descubrimos también la presencia de Dios, que continúa haciéndose cercano en medio de su pueblo.