Hoy, 10 de agosto, la tierra volvió a estremecerse en Colombia. Según los primeros reportes, el epicentro del sismo se ubicó en el departamento del Chocó y sus efectos se sintieron en diferentes regiones del país, entre ellas Santander, el Eje Cafetero, Cali, Pereira y otras zonas. La información continúa siendo preliminar y se avanza en la evaluación de los daños.
En el Chocó, especialmente por su cercanía al epicentro, se han reportado graves afectaciones. Seguimos con especial atención lo que ocurre allí y las necesidades que puedan surgir.
También nuestras comunidades y obras han resultado afectadas.
En Quibdó, el Campus Nuevo de Uniclaretiana presenta daños ocasionados por la caída de paredes y escombros, que también provocaron daños en algunos vehículos. En Cali, se reportan afectaciones en el templo y en la casa cural de nuestra comunidad de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. En el Colegio Santa Dorotea, sede Bretaña, se registró la ruptura de ventanas y la caída de algunas paredes. En Pereira, la situación es especialmente grave: la Parroquia Claret ha quedado semidestruida, con importantes daños en su estructura, entre ellos la caída de parte del techo y afectaciones en las paredes.
En los últimos meses hemos aprendido, dolorosamente, que la naturaleza no descansa. Ella nos recuerda nuestra fragilidad. Venezuela nos lo recordó recientemente y hoy Colombia vuelve a estremecerse. Frente a esta realidad, no podemos responder desde el miedo ni desde la indiferencia. Nuestra respuesta debe ser la presencia, el cuidado y la capacidad de estar cerca.
Por eso, invito a cada comunidad —parroquias, colegios, universidad, fundaciones y demás obras claretianas— a permanecer atenta a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas. Que nadie tenga que afrontar solo estos momentos.
Agradezco profundamente al P. Mathew Vattamattam y al P. Carlos Sánchez, quienes, desde que se enteraron del temblor, llamaron para preguntar cómo estábamos; y a todos nuestros demás hermanos que, con una llamada, un mensaje o un emoticón, nos han expresado su solidaridad, cercanía y fraternidad. Esta capacidad de cuidarnos unos a otros también expresa quiénes somos como familia claretiana.
Seguimos verificando la situación y, ante todo, las condiciones de seguridad de nuestras comunidades.
La tierra puede estremecerse. Nuestra fe, fraternidad y esperanza, no.
Que el Señor nos conceda serenidad para actuar, fortaleza para acompañar y esperanza para seguir caminando. Que María, Madre de la Esperanza, acompañe a nuestras comunidades y a todas las familias que hoy viven momentos de incertidumbre.
Con cercanía fraterna,
P. Luis Armando Valencia, CMF
Superior Provincial
Misioneros Claretianos – Provincia Colombia-Venezuela