El pasado 30 de octubre de 2026, las comunidades formativas de la Provincia Colombia-Venezuela se dieron cita, a través de la plataforma Zoom, para celebrar el Encuentro de Experiencias Formativas Iniciales. El Encuentro fue una oportunidad para compartir los caminos recorridos en ambas experiencias y reconocer la riqueza de los procesos formativos que se viven en ambas regiones, fortaleciendo los vínculos de fraternidad y la identidad claretiana.
La jornada comenzó con la oración animada por los estudiantes de la Comunidad Formativa Emaús-San Bernardino, de Caracas. En un ambiente de fe y fraternidad, pusieron el encuentro en manos del Señor e invocaron la luz del Espíritu para que las experiencias compartidas fueran motivo de crecimiento y renovación. Seguidamente, los estudiantes y acompañantes formadores realizaron su presentación, favoreciendo el reconocimiento de las personas que hacen parte de los procesos de formación inicial de la Provincia.
A continuación, el hermano Jhon Jairo Flórez, Prefecto Provincial de Formación, ofreció una iluminación a partir del Plan General de Formación, invitando a profundizar en los rasgos carismáticos que configuran nuestra identidad y orientan la misión. La reflexión destacó que el horizonte de la formación inicial es la configuración con Cristo misionero, haciendo vida los seis rasgos de nuestra identidad claretiana definidos en el XXV Capítulo General (2015).
Uno de los momentos centrales del encuentro fue el intercambio de experiencias formativas, a partir del trabajo realizado por cada comunidad para identificar las experiencias más significativas de su camino formativo.
El Prenoviciado de Caracas presentó como experiencias significativas las vivencias pastorales en la parroquia Claret de Los Dos Caminos, el estudio, la vida fraterna, la corrección fraterna y los espacios de convivencia. Asimismo, destacó como principales aprendizajes la disponibilidad, el trabajo en equipo y el compromiso evangelizador.
Por su parte, los prenovicios de Medellín compartieron como experiencias significativas la misión realizada en Tumaco, el servicio pastoral en la parroquia San José del Limonar y los aprendizajes que nacen del ejercicio de la responsabilidad, la disciplina y la participación activa en la vida comunitaria.
Desde la etapa del Postnoviciado, en Caracas, se resaltó la riqueza que aporta la diversidad cultural, la diferencia de edades y los distintos procesos personales, así como el valor de la acogida y del acompañamiento personalizado. De igual manera, se destacó la riqueza de los procesos pastorales y misioneros, especialmente a través del acompañamiento y la cercanía con las personas de las Comunidades Cristianas de Petare.
Este intercambio permitió reconocer también algunos desafíos comunes: fortalecer la escucha y la convivencia, cultivar la paciencia, superar el individualismo y aprender a acoger los ritmos de cada persona. De manera especial, se insistió en promover una cultura del buen trato, haciendo de nuestras casas formativas espacios seguros donde el respeto, la compasión, la escucha y el perdón sean expresiones concretas de la fraternidad.

Como fruto del diálogo, se acordó institucionalizar dos encuentros anuales de experiencias formativas, previstos para los meses de mayo y octubre, con el propósito de dar continuidad a estos espacios de comunión y corresponsabilidad provincial. Asimismo, se anunció un próximo encuentro virtual el día 7 de noviembre de 2026 con el padre Joseph Mbungu, Prefecto General de Formación, para dialogar sobre la experiencia formativa congregacional y los desafíos de la misión claretiana en perspectiva del próximo Capítulo General.
La jornada concluyó con la oración animada por los estudiantes de la Comunidad Formativa de Fusimaña, quienes, en un ambiente de gratitud, encomendaron a María los frutos del encuentro y los procesos formativos de la Provincia.
Este espacio nos reafirma que la formación claretiana se construye en el encuentro con Jesús, en la vida fraterna, en el acompañamiento y en las experiencias cotidianas de servicio y misión. Compartir lo que somos y vivimos nos ayuda a crecer juntos, fortalecer nuestra identidad y renovar la pasión por seguir a Cristo como misioneros al estilo de san Antonio María Claret.
