Comunicado del Superior Provincial sobre la emergencia en Venezuela
«Dios es nuestro amparo y fortaleza,
nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Por eso no temeremos, aunque la tierra sea removida…»
(Salmo 46, 2-3)
Han transcurrido varios días desde el terremoto que estremeció a Venezuela y, aunque el paso de las horas nos ha permitido comprender mejor la magnitud de esta tragedia, también ha dejado al descubierto el inmenso corazón solidario de tantas personas e instituciones que no han permanecido indiferentes ante el sufrimiento de nuestro pueblo. En medio del dolor, seguimos experimentando la fuerza de la fraternidad, la cercanía de la Iglesia y la esperanza que nace cuando una comunidad decide caminar unida.
Durante estos días hemos mantenido comunicación permanente con nuestras comunidades claretianas en Venezuela en especial en Caracas, junto con la Iglesia local para acompañar la emergencia y discernir la mejor manera de responder a las necesidades más urgentes de la población. Gracias a Dios, nuestros misioneros continúan bien y siguen entregando generosamente su tiempo, su trabajo y su cercanía al servicio de quienes más lo necesitan.
La situación continúa siendo difícil para el pueblo venezolano. Según los reportes más recientes, la tragedia deja ya más de 2.200 personas fallecidas, un número aún indeterminado de personas desaparecidas, más de 12.000 damnificados, miles de heridos y numerosas familias que han perdido sus viviendas o permanecen fuera de ellas por el riesgo que representan las estructuras afectadas.
Muchas personas continúan viviendo en refugios temporales o en espacios improvisados, mientras avanzan las labores de búsqueda, atención y recuperación. Como Iglesia hemos querido estar donde el Evangelio siempre nos llama a estar: junto a quienes sufren.
Gracias al compromiso de nuestras comunidades claretianas, de los seminaristas en formación, de numerosos voluntarios y de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada, con quienes históricamente hemos caminado y servido de la mano, actualmente participamos en la preparación y distribución diaria de cerca de 300 raciones de alimento para personas damnificadas, personal sanitario y quienes sirven en la emergencia. Los salones parroquiales de la Casa Cural de la iglesia Claret de Los Dos Caminos se han convertido en un centro de recepción y distribución de alimentos e insumos básicos, mientras nuestras comunidades continúan acogiendo a familias que debieron
abandonar sus hogares. En esta primera etapa hemos concentrado nuestros esfuerzos en garantizar alimentación y artículos básicos de higiene, respondiendo a las necesidades más urgentes de la población.
Queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento a todas las personas, comunidades, benefactores, provincias claretianas, organizaciones e instituciones que ya han manifestado su cercanía y han comenzado a apoyar esta respuesta humanitaria. Su solidaridad está permitiendo que muchas familias descubran que no están solas y que la fraternidad sigue siendo más fuerte que la adversidad.
Sin embargo, la emergencia está lejos de terminar. Si bien la atención de los primeros días ha sido fundamental, ahora comienza una etapa menos visible, pero igualmente desafiante: acompañar a las familias mientras reconstruyen sus hogares, recuperan sus medios de vida y vuelven a encontrar estabilidad y esperanza. En este momento, una de las necesidades más urgentes es el acceso a medicamentos e insumos básicos para las personas que permanecen hospitalizadas o continúan recibiendo atención médica, así como alimentos y elementos de higiene para las familias que lo han perdido todo.
Por ello, quiero invitar nuevamente a toda la Familia Claretiana, a nuestros amigos, benefactores y a todas las personas de buena voluntad a mantener viva esta cadena de solidaridad. Los invitamos a seguir apoyando esta misión a través de las campañas de solidaridad que hemos puesto en marcha, para que podamos continuar llevando medicamentos, alimentos y ayuda humanitaria a quienes hoy más lo necesitan. Cada aporte, por pequeño que parezca, puede aliviar el dolor de una familia, convertirse en un tratamiento para un paciente, en un alimento para un niño o en un signo concreto de que Dios sigue haciéndose presente a través de la generosidad de tantos corazones.
Que el Señor de la Vida siga sosteniendo al pueblo venezolano, fortalezca a quienes sirven con generosidad y toque el corazón de muchos para que, unidos como una sola familia, podamos seguir llevando consuelo, esperanza y ayuda concreta a quienes más lo necesitan.
Encomendamos al pueblo venezolano a Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, para que cobije con su manto a las familias afectadas; a San José Gregorio Hernández, para que interceda por los enfermos, el personal sanitario y quienes trabajan incansablemente por salvar vidas; y a Santa Carmen Rendiles, para que inspire en todos nosotros la generosidad, la esperanza y el compromiso de seguir sirviendo a quienes más sufren.

P. Armando Valencia, CMF
Superior Provincial de los Misioneros Claretianos de Colombia y Venezuela