Venezuela: Fe, Solidaridad y Esperanza en Medio de la Emergencia

Con el corazón profundamente conmovido y cargado de oración por las víctimas, sus familias y todas las personas afectadas por el terremoto que sacudió a Venezuela el día de ayer 24 de Junio, quiero expresar de parte de toda la Comunidad Claretiana en Colombia y Venezuela nuestra cercanía fraterna y nuestra solidaridad con quienes hoy sufren las consecuencias de esta dolorosa emergencia. Las informaciones oficiales hablan ya de cientos de personas fallecidas y heridas dejando una profunda huella de dolor en numerosas comunidades, especialmente en el estado La Guaira.

Como Misioneros Claretianos, nos unimos al clamor de nuestro pueblo y elevamos nuestra plegaria al Señor de la Vida para que conceda consuelo a quienes lloran la partida de sus seres queridos, fortaleza a quienes han perdido sus hogares o sus bienes materiales y esperanza a todos aquellos que enfrentan la incertidumbre de estas horas difíciles. En medio de la fragilidad humana que este acontecimiento nos recuerda, reafirmamos nuestra confianza en Dios, que nunca abandona a sus hijos y que se hace presente a través de la solidaridad y la fraternidad de tantas personas de buena voluntad.

Desde los primeros momentos posteriores al terremoto hemos mantenido comunicación permanente con todas nuestras comunidades claretianas en Venezuela. Gracias a Dios, podemos informar que nuestros misioneros se encuentran bien. Hemos dialogado con los superiores de las distintas comunidades y constatado que no se han presentado afectaciones de gravedad en nuestras casas religiosas.

En Caracas, nuestras obras han experimentado algunas afectaciones producto de los movimientos sísmicos. En el templo San Antonio María Claret y en la Casa de Formación se han identificado grietas y averías menores, así como daños en algunas imágenes y espacios de servicio pastoral. Asimismo, en el templo de San Bernardino se registró el colapso de una pared, ocasionando daños materiales que actualmente están siendo evaluados. Aunque estas afectaciones nos preocupan, damos gracias al Señor porque no hubo consecuencias que lamentar para las personas que hacen parte de nuestras comunidades y de la vida eclesial que acompañamos.

Al mismo tiempo, nuestras obras han comenzado a responder a las necesidades más inmediatas de la población. En la comunidad de Caracas se habilitaron espacios en los alrededores de la Parroquia San Antonio María Claret y en la Casa de Formación para acoger y acompañar a algunas familias vecinas que, por temor a nuevas réplicas o por las afectaciones sufridas en sus viviendas, buscaron un lugar seguro donde permanecer. Estos espacios han permitido brindar acogida, tranquilidad y cercanía a quienes viven momentos de incertidumbre. Este es el momento de abrir nuestras puertas, compartir lo que tenemos y hacer visible el Evangelio de la fraternidad a través de gestos concretos de acogida, servicio y solidaridad.

La situación más delicada continúa concentrándose en La Guaira, donde se reportan las mayores afectaciones humanas y materiales. Allí, como en otras zonas golpeadas por esta tragedia, acompañamos espiritualmente a las familias y permanecemos atentos a las orientaciones de la Iglesia local y de las autoridades para articular acciones de solidaridad que contribuyan a aliviar el sufrimiento de los damnificados.

Quiero agradecer de manera especial las innumerables muestras de cercanía que hemos recibido desde Colombia, Venezuela y otros lugares del mundo. Apenas conocida la magnitud de la emergencia, el primero en comunicarse con nosotros fue nuestro Padre Superior General Mathew Vattamattam, quien actualmente se encuentra en Centroamérica y nos ha manifestado su preocupación por nuestros misioneros, nuestras comunidades y por el pueblo venezolano.

Hermanos claretianos, comunidades cristianas, benefactores y amigos han hecho llegar mensajes de apoyo y oración que fortalecen nuestra esperanza y nos recuerdan que la caridad siempre encuentra caminos para hacerse presente.

Invito a toda la Familia Claretiana y a las personas de buena voluntad a continuar orando por Venezuela. Que el Señor reciba en su misericordia a quienes han fallecido, fortaleza a los heridos, y llene de valor a quienes participan en las labores de rescate, sostenga a las familias afectadas y nos conceda la gracia de vivir este momento con fe, solidaridad y esperanza. Hoy más que nunca estamos llamados a ser instrumentos de consuelo y signos vivos de la presencia amorosa de Dios en medio del sufrimiento de nuestro pueblo.

P. Armando Valencia Valencia, CMF
Superior Provincial de los Misioneros Claretianos de Colombia y Venezuela