Encuentro de Formación MICLA 2026 | Sinodalidad Claretiana en América: Formación para la Misión

Entre el 19 y el 24 de Abril de 2026, la Provincia Claretiana de San José del Sur acogió, en la ciudad de Córdoba (Argentina), a 29 misioneros claretianos —formandos y acompañantes-formadores— provenientes de distintos rincones de América. Convocados por la Conferencia Claretiana de América (MICLA), se reunieron para compartir, discernir y proyectar juntos los caminos de la formación —inicial y permanente— en el continente. Acompañó este espacio el P. Joseph Mbungu, CMF, Prefecto General de Formación.

      Desde el inicio, el clima del encuentro fue de fraternidad y esperanza. La Eucaristía de apertura, presidida por el P. José Abarza, CMF, Superior Mayor de San José del Sur y miembro de la Junta Directiva de MICLA, invitó a todos a soñar la misión formativa desde la identidad claretiana, disponiendo el corazón para lo que serían días intensos de encuentro, escucha y búsqueda compartida.

      El tema que animó todo el proceso —“Sinodalidad claretiana en América: formación para la misión”— marcó un horizonte claro: caminar juntos para renovar los procesos formativos a la luz del Espíritu y de los desafíos actuales de la realidad social, eclesial y congregacional.

      Durante los primeros días, la reflexión giró en torno a la sinodalidad como estilo de vida y misión. La hermana Gloria Liliana Franco ayudó a profundizar en este camino como una invitación a la conversión, la comunión y la apertura. Sus aportes resonaron fuertemente en el grupo, especialmente al destacar la importancia de aprender a escuchar con misericordia, valorar la diversidad como riqueza y vivir una misión verdaderamente compartida, con Jesús en el centro.

        No se trató solo de reflexionar ideas, sino de dejarse interpelar. En un ambiente de confianza, surgieron preguntas, resonancias y búsquedas que ayudaron a mirar con mayor honestidad los procesos formativos actuales. Se hizo evidente que la formación hoy necesita cuidar más profundamente lo humano, fortalecer la vida comunitaria y abrirse a nuevas formas de acompañamiento.

        Uno de los momentos significativos del encuentro fue la reflexión sobre el impacto de la virtualidad y la inteligencia artificial en la vida formativa y misionera. A partir de la presentación del Padre José Enrique García, CMF, los participantes pudieron reconocer tanto las oportunidades como los desafíos que estas nuevas realidades plantean. Se compartieron experiencias concretas y también inquietudes: cómo cuidar la interioridad, cómo sostener vínculos auténticos y cómo integrar estas herramientas sin perder la esencia del carisma misionero.

        A medida que avanzaban los días, el encuentro fue dando lugar a una escucha más amplia de la realidad. Cada organismo tuvo la oportunidad de compartir su experiencia formativa, abriendo una ventana a la diversidad de contextos del continente. Fue un momento profundamente enriquecedor, en el que se reconocieron muchas semillas de vida, pero también desafíos comunes que invitan a seguir creciendo.

        Este ejercicio de escucha no quedó en un simple intercambio, sino que se vivió como un verdadero proceso sinodal: escuchar, discernir y buscar juntos los caminos que el Señor va abriendo en los procesos de formación inicial y permanente.

        Hacia el final del encuentro, el trabajo se orientó a la proyección. Con realismo y esperanza, se fueron delineando criterios y líneas de acción para fortalecer tanto la formación inicial como la permanente. Se reafirmó que la formación no es una etapa que se agota, sino un camino que se acompaña a lo largo de toda la vida misionera.

        El último día estuvo marcado por un paso decisivo: asumir compromisos concretos. Lo reflexionado y discernido se tradujo en propuestas que buscan hacerse vida en cada organismo, con el deseo de seguir construyendo procesos formativos más integrales, articulados y fieles al carisma claretiano.

        Además de los espacios de trabajo, el encuentro estuvo atravesado por momentos de profunda fraternidad. Las celebraciones, las oraciones compartidas y, de manera especial, las noches interculturales permitieron experimentar la riqueza y diversidad de la familia claretiana en América. En cada canto, en cada gesto y en cada tradición compartida, se hizo visible que la comunión es también un don que, desde la diversidad, se celebra.

        El encuentro concluyó con la Eucaristía de envío, en la que se ofreció al Señor todo lo vivido: búsquedas, desafíos, sueños y compromisos. Cada participante regresó a sus organismos de origen con el corazón agradecido y renovado, consciente de que este camino no termina aquí, sino que continúa en la vida concreta de cada proceso formativo.

        El encuentro no termina hoy

        Empieza de verdad…

        … en cada misionero que cuida su vocación

        … en cada comunidad misionera que nos espera

        … en cada joven que discierne su vocación

        … en cada formador que acompaña de manera integral… en cada decisión pequeña que construye comunión y misión

        El Espíritu ya abrió el camino.

        Ahora nos toca caminarlo.

        Con valentía.

        Con humildad.

        Y juntos.