Homilía – En memoria agradecida a Dios por Alcides Fernández Gómez,cmf

EN MEMORIA AGRADECIDA A DIOS POR ALCIDES FERNÁNDEZ GÓMEZ

Una vida y una vocación claretiana marcadas por la libertad, la amplitud de mente y la apertura a lo novedoso que nos supo colocar en contexto de posmodernidad

 

CENTENARIO DE SU NATALICIO

30 de octubre de 2017

 

Hoy, lunes 30 de octubre, nos hemos dado cita en este templo parroquial de Jesús Nazareno, hermanos de congregación, familia y amigos de Alcides Fernández Gómez, para celebrar, en actitud de agradecimiento, los cien años de su natalicio. El misionero aviador y fundador de pueblos, nació en 1917, en la población de Villapinzón, Cundinamarca y murió en esta ciudad de Medellín el 1 de enero de 1995. Ingresó en la Congregación en 1931 y profesó como Misionero Claretiano en 1936.  Vivió como Claretiano 64 años de vida. Como decíamos en nuestra pasada comunicación a la Provincia, en la que invitábamos a esta celebración: “Alcides, el misionero libre y dinámico sigue inspirando la caminada de muchos hombres y mujeres que lo recuerdan con corazón agradecido”. Antes que nada quiero agradecer, en nombre de los Misioneros Claretianos, a los familiares y amigos de Alcides por convocarnos a esta cita cargada de tanto recuerdo, cariño y agradecimiento.

Si a Alcides Fernández Gómez le hiciéramos una evaluación con parámetros tomados del Derecho Canónico y a la luz del modelo estricto y anquilosado de la Vida Religiosa que se conoció hasta los días previos al Vaticano II, seguro que nosotros mismos no estaríamos celebrando su vida y la genial manera como él experimentó la vocación de Misionero Claretiano; antes por el contrario lo estaríamos criticando y encontrándole reparos; en cuanto su manera de entender el cristianismo y la Congregación desbordaron las lógicas tradicionales e institucionales de su tiempo. Fue realmente, Alcides, un hombre adelantado a la historia. Su sensibilidad le abrió caminos maravillosos. Su simplicidad lo hizo amigo de todos.

Para poder entender a Alcides, se hace necesario colocarnos los lentes del Espíritu, (los que comúnmente no utilizamos y hemos dejado guardados en el cajón más recóndito de nuestros reblujos), y con ellos adoptar una mirada penumatológica. Son esos lentes los únicos que nos permiten ver la belleza de la manera de ser y de proceder de este hombre que fue fiel al Espíritu, que escuchó su voz y que se dispuso a entrar en la lógica que Dios le pedía. Así vivió de manera fiel y genial la vida cristiana y el don carismático de ser hijo de San Antonio María Claret. Alcides nos convoca hoy, nuevamente, a la libertad, al servicio, a la apertura de lo novedoso, a la vivencia pobre y sencilla del Evangelio, a la creatividad que regala el Espíritu y que tantas veces nos coloca en contravía de la institucionalidad.

Hoy hacemos memoria de este hermano nuestro, de este amigo de caminada, de este aventurero misionero. Pero no podemos olvidar que también Alcides, fue el misionero incomprendido por superiores del momento y criticado por hermanos Claretianos que no entendieron la manera de ser y de vivir de este misionero “libre y visionario”. También fue probado en su amor a la Iglesia y a la Congregación: Su esfuerzo por renovar la Iglesia y la Congregación de Misioneros Claretianos, lo llevó a entender de manera diferente el cristianismo, la vida claretiana y el ministerio sacerdotal. Todo esto lo corroboró con las luces, el impulso y el ritmo dinámico que, en su momento, daba el Vaticano II. Podemos decir que fue uno de los aventajados en la comprensión y puesta en marcha del espíritu del Concilio Ecuménico Vaticano II. Por ser fiel a la renovación y a la puesta al día del espíritu cristiano y claretiano encontró incomprensión, eso no lo podemos negar, pero siempre se adentró en el misterio de una voluntad de Dios que exige sacrificios por la vida de la Iglesia y de la Congregación y que algunas veces impone el deber de sufrir con amorosa humildad, a manos de la misma Iglesia y de la misma Congragación claretiana.

Alcides fue el hombre de ideas radicales, esenciales, como lo son cuantos innovan y sacuden profundamente la sociedad o la cultura de su tiempo y dejan tras de sí una estela de recuerdo. La vigencia de Alcides, quien nos legó su pensamiento a través de su forma genial de vivir y en los textos que escribió, nos sigue convocando a lo novedoso. En su último libro, escrito poco antes de su muerte, nos decía: “mundo nuevo a la vista”. Él no le tuvo miedo a lo nuevo. No le tuvo miedo a la investigación. No se asustó con las nuevas teorías. Y todo ese mundo de apertura e innovación nacían de él, porque con simplicidad y claridad meridiana se dedicó a vivir “la esencia del cristianismo” y “la esencia del ser claretiano”. Quien tiene profundas raíces y sólida identidad, no le tiene miedo a lo nuevo y a lo diferente.

La vigencia del Alcides, (el aviador, el misionero libre, el intelectual puesto al día, el hombre amigo de los pobres y de los más sencillos, el claretiano que vivió la misión compartida, antes de hacerla teoría), como ocurre con los gigantes espirituales y los verdaderos místicos, perdurará imborrable en la historia claretiana de nuestra Provincia de Colombia-Venezuela y de igual manera en la vida de los que se aventuraron con él a colonizar el norte chocoano, con la ilusión de hacer una sociedad más justa e igualitaria.

No es casualidad el que hoy confluyamos aquí “veteranos”, “gente de edad media” y “nuevas generaciones”. A todos nos convoca la figura genial de nuestro hermano Alcides. Su vida y espiritualidad son un legado que nos llama a todos a una renovación total de la vida cristiana y claretiana. Hoy Alcides nos invita con su fuerza a renovar la vida cristiana y la vida claretiana, para que tenga algo que decir a los hombres y mujeres que ya están en transmodernidad. El cristianismo y la claretianidad tienen que lograr percibir y entrar con tranquilidad y apertura en ese nuevo mundo que Alcides tenía a la vista”. Si logramos ver eso, seguro que responderemos con generosidad a las nobles y justas exigencias y peticiones de los hombres y mujeres de hoy.

Volver a Alcides, a su memoria, a su legado nos coloca en el horizonte de que en esta hora de crisis por la que pasa el ser humano, el mundo y la iglesia solo podrá ser respondida si vivimos la genialidad de Jesús y de su Buena Noticia a los pobres. La manera de vivir y de hablar de Alcides sigue teniendo profundidad y su ejemplo nos coloca en el horizonte de lo novedoso para ser signos frente a las situaciones en las que nos encontramos hoy.

Que esta memoria de Alcides nos suscite unos interrogantes profundos; pero dejemos que sea el Espíritu de Dios, que es Espíritu de novedad y de aventura, quien nos ayude a comprender ¿qué es lo peculiar y propio, lo que caracteriza al cristianismo y a la claretianidad y que lo diferencia de las otras expresiones en el mundo? ¿Cómo recuperar la primacía de lo verdaderamente cristiano, de vivir a fondo lo humano? ¿Cómo recordar que el futuro del creyente cristiano no es la Iglesia, sino el Dios del Reino que se revela en praxis de Jesús? Al final, la Iglesia como institución cesará y sólo permanecerá la verdadera fraternidad entre los hijos de Dios (Mt 25, 34-45) Alcides comprendió que lo esencial en el Cristianismo y en la vida Claretiana es la persona de Jesús de Nazaret, su existencia, su obra y su destino concretos, y que es esa verdad la que él supo vivir de manera genial al lado de sus hermanos de congregación, con el laicado (mujeres y hombres), con los más pobres y en una apertura siempre genial a lo nuevo.

Que Alcides nos ayude a todos a volver a lo original, a abrirnos a las nuevas dimensiones que nos ofrece la vida y a ser signos visibles de la persona de Jesús en medio de la historia. Tal como lo dijo él en su testamento: “Mi vida ha sido una aventura muy bella”, precisamente es eso lo que hemos venido a celebrar: la aventura bella de una vida humana que se llamó Alcides Fernández Gómez, que desde el 1 de enero de 1995, se encuentra, según sus propias palabras “en una nueva forma de existir”. Seguro que él estará al lado de su gente querida: los campesinos, y de nosotros que seguimos siendo su familia.

¡Gracias Alcides por tu vida y por tu legado! ¡Gracias porque desde esa nueva forma de existir nos sigues convocando a vivir lo esencial del ser cristiano y claretiano!

 

¡Gracias a todos ustedes!

P. Luis Armando Valencia, cmf.

Superior Provincial