Construyendo Comunidad – Experiencia del Quinquenio Claretiano 2018

Todos los creyentes estaban unidos de corazón y en espíritu. …así que compartían todo lo que tenían. Hch 4, 32

Del 04 al 09 de septiembre del presente año nos reunimos en la casa de nuestros hermanos de Provincia (Colombia–Ecuador, en Cúcuta) para compartir nuestras experiencias de camino en los años de inicio de nuestros ministerios.

Iniciando con una contextualización de la madurez de la persona, agregando a ello, los tres primeros procesos de transformación que trae nuestro XXV Capítulo general, Misionero Somos; se realizó de esta manera, la experiencia reflexiva como parte de la formación planteada para el encuentro del Quinquenio. No siendo ajenos a la realidad de la que hace parte nuestra Provincia; nos acercamos a una parte de la problemática que vivimos, al visitar una obra que lleva la Congregación de los Escalabrinianos, es decir, el trabajo con migrantes; y los barrios donde están asentados la mayoría de los que se quedan en la ciudad de Cúcuta.

Entre la formación y la evidencia de la realidad, hemos sacado tiempo para compartir, sobre todo, la vida. La mayor riqueza de este encuentro realmente fue, el poder compartir cómo estamos y qué vamos haciendo en nuestros sitios de misión. Todos los participantes del proceso del Quinquenio compartimos nuestros sentimientos, dejando entrever en lo que llevamos del proceso, cuáles han sido nuestras decepciones, ilusiones y a qué le seguimos apostando en la vida misionera.

Estamos muy complacidos porque se nos valora lo que vamos haciendo. Muy pocas veces se reconoce y se les manifiesta sentimientos como estos a las nuevas generaciones; casi siempre lo que se hace es reprochar sus desaciertos, pero que bueno saber que somos precisamente nosotros quienes estamos en los lugares de frontera sacando la cara por la Provincia en cuanto a misión se refiere.

Agradecemos las palabras de ánimo que nos dieron durante estos días y pedimos no nos dejen solos, que nos continúen acompañando con la oración y la presencia, sobre todo, para saber que contamos con hermanos que nos ayudan a caminar en nuestros primeros pasos. Quizás no lo hagamos como todos piensan que debe ser o en su parecer; pero de lo que sí estamos seguros es que hacemos nuestros más grandes esfuerzos y damos lo mejor que tenemos para que como hijos del Inmaculado Corazón de María que somos, no se apague jamás ese fuego abrasador que Claret quiso trasmitirnos y que hoy nos toca a nosotros evidenciar que realmente encendemos a muchos en el fuego del divino amor.

Néstor Antonio Calderón, CMF